Boca derrotó a San Lorenzo bajo un diluvio y se quedó con el clásico en el Nuevo Gasómetro

Con goles de Lozano y Merentiel, Boca le ganó de manera contundente a San Lorenzo 2-0 que a poco de finalizar la primera parte se quedó con 10 por la expulsión de Manuel Insaurralde por una fuerte plancha sobre Ascasibar.

En cuanto al juego, fue un partido de una superioridad aplastante, que debió definirse antes de que San Lorenzo se quedara con 10, cuando las cartas quedaron echadas. Como fuere, fue casi un monólogo de Boca, desde la presión, la buena circulación de pelota, las llegadas por los dos laterales volcados al ataque (muchas veces los dos simultáneamente) y varias situaciones de gol generadas en torno a Devecchi, pero sin la sangre fría necesaria, sin la serenidad tan necesaria dentro del área para plasmar en la red todo lo que generaba en torno a ella.

En este caso, la explicación de esta diferencia parte de una martingala táctica que Insua no vio venir y que tampoco solucionó cuando tuvo que corregir el armado por la expulsión de Insaurralde: al Ciclón le sobraba un central y le faltaba un mediocampista, toda vez que los tres centrales se turnaban para controlar a Merentiel (así y todo se les escapó muchas veces del radar) y le faltaba músculo en el centro del campo, donde Tripicchio y el mismo Insaurralde quedaban en desventaja numérica contra el trío Ascacibar, Paredes y Delgado. Más cuando ni Cuello ni Farías no tenían, ni tienen, tendencia natural al retroceso. Entonces, a Boca se le hacía muy fácil generar superioridad en casi todo el frente de ataque, porque los jugadores del Ciclón no hacían a tiempo para multiplicarse y llegar a tapar los huecos que les aparecían por todas partes. Cuando el local se quedó con 10, era más lógico sacar uno de los tres zagueros, poner línea de cuatro y que San Lorenzo sume otro medio sin perder poder de fuego. Pero el Gallego no se movió del plan original y el partido siguió siendo lo que fue, salvo porque, paradójicamente, Boca perdió impulso y el Ciclón sufrió un poco menos que al comienzo.

Parades, la figura de la tarde lluviosa (Foto Alejandro Pagni).Parades, la figura de la tarde lluviosa (Foto Alejandro Pagni).

De todas maneras, la diferencia de posesión (70-30) y de llegadas no se modificó. Para Boca, una picardía haber perdido varias chances (Ascacibar x 2, Merentiel otro tanto, Di Lollo de cabeza) y ese 0-0 con el que se fue al descanso fue un castigo enorme (en parte autoinflingido) y un alivio para el Ciclón.

De todas maneras, la tarde siguió siendo cuesta arriba para el local, por más que Insua ordenó un equipo más corto para quitarle espacios de maniobra a Boca, pero el daño era estructural porque a San Lorenzo le sobraba gente donde no la necesitaba. El equipo del Vasco hizo la lógica: tuvo la pelota en tres cuartos, lejos de la última línea del Ciclón, y desde ahí construía sus ataques. Después del descanso, sí, ajustó las cuerdas. Lo tuvo en un tiro de lejos de Paredes luego de que Arboleda perdiera la pelota producto de una sobredosis de habilidad, y otra vez Merentiel, tras centro de Lozano, la falló a centímetros de la línea.

El asunto es que Boca, por no definirlo, se exponía a que un ataque aislado del local rompiera el partido. Y casi se le da en un tiro de Tripicchio que alcanzó a bloquear justo Di Lollo. Pero en la jugada siguiente, el que rompió el partido fue el visitante: Lozano habilitó a Flores y éste, en lugar de mandar el centro al área, se la volvió a dar al lateral uruguayo que se quedó en la puerta del área. Ahí, recibió solo y castigó de zurda para repetir la fórmula del Morumbí.

El grito de Lozano (Foto Marcelo Carroll).El grito de Lozano (Foto Marcelo Carroll).

Más allá de lo numérico, San Lorenzo nunca pudo romper la inercia del partido, con esa línea de 5 que quedó como un símbolo de la tozudez mal entendida. Paredes hizo lo que quiso con la pelota, con una comodidad inusual para el futbol argentino, y sólo era cuestión de tiempo para que Boca sentenciara el partido. Un pase del capitán encontró a Blanco, que arrancó a velocidad y su centro preciso habilitó a Merentiel para el 2-0.

Para el Vasco fueron todas buenas: no sólo por la actuación del equipo, sino también porque no le exigió demasiado desgaste, pudo hacer cambios pensando en lo que viene, el equipo sigue prendido en todas las competencias y tiene ahora una semana para preparar la semifinal frente a Racing por la Copa Argentina. Un Boca ciclónico en todo sentido.

Con noticias de ole.com.ar

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