Así respondió el ministro al un usuario que le preguntó si estaba prevista una colocación en el mercado internacional para el arranque del año, en un contexto en el que los inversores siguen de cerca las necesidades de financiamiento del Tesoro y la estrategia oficial para administrar los vencimientos de deuda.
El gobierno de Javier Milei deberá enfrentar el próximo 9 de enero un vencimiento por 4.200 millones de dólares, correspondiente al pago de Bonares y Globales. En ese marco, en las últimas semanas el Tesoro aceleró la compra de divisas y llegó a concentrar cerca de la mitad de los dólares necesarios, con el objetivo de evitar recurrir a otras alternativas de financiamiento para cumplir con el compromiso.
No obstante, en el mercado no se descarta la utilización de operaciones REPO, un instrumento a través del cual el Gobierno dispone de una capacidad de financiamiento de hasta 7 mil millones de dólares. Esta opción, sin embargo, implica un costo financiero más elevado en comparación con la acumulación genuina de dólares.
En las últimas dos semanas, entre el 4 de diciembre y el miércoles pasado, el Tesoro Nacional aceleró de manera significativa la compra de divisas y elevó sus depósitos en dólares en el Banco Central de la República Argentina desde apenas 97 millones hasta cerca de 2 mil millones de dólares, según el último informe semanal de Invecq.
El salto, cercano al 2.000%, se explicó por compras estimadas en 630 millones de dólares, a las que se sumaron 360 millones de dólares en desembolsos netos de organismos internacionales, principalmente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y 910 millones de dólares obtenidos mediante la colocación de Bonares.
De esta manera, el equipo económico encabezado por Caputo se adelantó al anuncio del BCRA de que, a partir de enero, el esquema de bandas cambiarias dejará de ajustarse al 1% mensual para pasar a hacerlo en función de la inflación del segundo mes previo. Además, la autoridad monetaria comenzará a comprar dólares y acumular reservas con el objetivo de avanzar en una remonetización de la economía, que implicaría un aumento de la Base Monetaria desde el 4,2% al 4,8% del PBI.

